miércoles, 16 de septiembre de 2015

TATEI HARAMARA (Nuestra Madre, El Mar)



En el principio de los tiempos —cuentan los huicholes—
sólo existía el océano, la región tenebrosa ubicada abajo,
en el poniente. Este mundo estaba habitado por los hewiixi, los gigantes que vivían en esos tiempos y que, como no podían ver, se comunicaban por medio de la mente.
Un día, cansados de estar en el agua, estos gigantes iniciaron una larga peregrinación en busca del Cerro del Amanecer, es decir, de aquel lugar que se encontraba arriba en el oriente, en el extremo opuesto del cosmos, donde sale el sol. Pero también los dioses, que eran Nuestros Antepasados, peregrinaron hacia este sitio.
Nuestros Antepasados fueron los primeros cazadores, y perseguían al venado, que caminaba incansable hacia el este. En esta primera cacería, se instauraron los distintos lugares del culto huichol. Uno de ellos sigue siendo el océano, donde está el adoratorio de Tatei Haramara, Nuestra Madre el Mar. Ahí existe una gran roca blanca que fue el primer objeto sólido del cosmos, y que es la materialización de esta diosa. Como el pensamiento huichol es paradójico, el relato mítico nos cuenta que el mar se arroja contra la roca para convertirse en vapor y en lluvia, como si la diosa se tuviera que golpear a sí misma para nacer con otro rostro.
Fuente: Artes de México

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